Cómo construir una sociedad más sana basándonos en una ciencia de verdad

ciencia Feb 19, 2023


El físico e investigador, Artur Sala, quien desde hace años se dedica a estudiar la física que no nos enseñan en las universidades, esa física que él llama una “ciencia rigurosa”, no basada en intereses económicos, sino en el conocimiento de cómo es la realidad de las cosas, hoy nos expone que una sociedad sana sólo se puede construir si se basa en una ciencia verdadera

¿La ciencia en la que se basa nuestro paradigma occidental es una ciencia que se sostiene en la verdad, o no? Esa es la pregunta que nos hacemos hoy. 

La física, la biología, la química, la geología, y muchas otras ciencias, han partido de una serie de ideas y teorías que, en su mayoría, se plantearon a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Algunas de esas premisas eran verdaderas y aún tienen respetable vigencia a día de hoy. Otras hipótesis o teorías resultaron ser “medias verdades”, y muchas otras se ha demostrado que eran completamente falsas y que no se sustentaban, si se sustentan, en una ciencia rigurosa. Lo preocupante es que, hoy en día, muchas de esas ideas falsas aún están en vigor, y se han establecido como cimientos o eje central de la educación, y de innumerables estudios científicos. 

Conforme estas ciencias han ido evolucionando, en lugar de corregirse estos ‘errores’ de base, lo que se ha hecho es solapar estas ideas de manera sucesiva, una sobre otra. Al final, se ha convertido la ciencia moderna en una especie de ‘error exponencial’. Todos sabemos que ningún edificio que se construya sobre bases de dudosa calidad, o frágiles, puede mantenerse en pie por mucho tiempo.

Artur Sala ejemplifica esta afirmación a través de la teoría del pleomorfismo. “Sabemos hoy en día que toda la actividad microbiológica se puede transformar. Entonces, cuando algo adquiere un carácter etiquetado de ‘patógeno’, se interpreta esto como una infección. Claro, a este error de base, que supuso la visión de Claude Bernard versus Louis Pasteur, luego solapó con un error que fue atribuir el carácter infeccioso a los virus cuando se descubrieron en los años 50.

También lo ilustra afirmando que “en el año 1.887 se hizo un experimento que demostró que el éter no existía y, a partir de ahí, la física negó el éter y fue evolucionando hacia el modelo actual. Probablemente la gente no comprenda la tremenda catástrofe que esto supuso. Y digo ‘tremenda catástrofe’ porque actualmente estamos buscando la fusión nuclear del hidrógeno que cada dos por tres en los años 60, 70, 80, 90, nos decían que en la década siguiente ya la tendríamos. Y ahora, hace cuestión de dos meses, empezaron a decir que ya la tienen los americanos, después de haber construido 400 tokamak, que han valido el equivalente al producto interior bruto de varios países.”

Además, añade que “en los últimos años se han invertido cantidades ingentes y descomunales de dinero, se ha implicado a miles de científicos, y a países enteros, con el fin de construir aceleradores de electrones para buscar el Bosón de Higgs, en proyectos de centrales nucleares de fusión, del hidrógeno, y demás, lo cual es absolutamente desproporcionado.”

Todas estas ‘cadenas de errores’ que hace el ser humano para construir cuestionables avances y aparatos tecnológicos, suelen partir de ‘errores’ cometidos en los siglos pasados como, por ejemplo, el que se cometió a finales del siglo XIX cuando se negó la existencia del éter.

 

“Es encomiable el trabajo que tenemos por delante en los próximos años para rehacer el destrozo que ha hecho la física de los materialistas y la negación del éter.”

 

En el año 2010, el ilustre biólogo Máximo Sandín afirmó que “la biología está en situación de esquizofrenia” tras referirse a las inconsistencias de la teoría darwinista y, en consecuencia, defender la teoría evolutiva más coherente que planteó Lamarck. Hoy en día, Artur Sala incluye a la física en esta frase tan real, sincera y profunda, y añade que “hemos construido un relato absolutamente esquizofrénico. Error sobre error, hasta llegar un punto que ya es un despropósito.

Llega un momento en el que, como vamos construyendo la sociedad a base de un conocimiento que no es del todo verídico, se va haciendo cada vez más grande, surrealista e insostenible la mentira. 

Hay numerosos dogmas en la ciencia que, hoy en día, son muy difíciles de cuestionar, porque están muy arraigados en la mente del ser humano producto de una educación de adoctrinamiento a favor de los intereses de esas minorías que han diseñado y desvirtuado los contenidos académicos. Y, como afirma Sala, “en seguida te toman por loco cuando les intentas cuestionar.” 

Sin duda, la ciencia propone modelos, plantea hipótesis, propone teorías, y luego la sociedad en general se cree esa teoría como si fuera una verdad absoluta. Hemos hecho que la ciencia se convierta en un conjunto de creencias. Entonces, ¿cómo podríamos tener muy clara esa diferencia entre lo que es una teoría científica y lo que es la verdad? Pues entendiendo que la ciencia no siempre propone verdades. La ciencia propone teorías y modelos que intentan explicar algo, pero hay que entender que muchas teorías, y sus resultados, pueden ir en contra de la realidad misma, de la verdad, o del propio sentido común. 


Lo importante radica en tener sentido común y empatía, pues “
no hace falta saber la teoría que hay detrás para saber que algo está mal. Hay gente de mi entorno que, sin tener ningún conocimiento, simplemente usando la lógica y observando los hechos, se han percatado de algunas incoherencias que hay en la ciencia. Incluso, después del 2020, a raíz de la situación mundial de salud que todos conocemos, empezaron a despertar y a ser más críticos.”

No podemos rehacer una sociedad si la seguimos basando en ideas que se establecieron a finales del siglo XIX o del siglo XX.”


En la sociedad de hoy también se juega con la idea de la escasez. Por ejemplo, en el caso de los combustibles fósiles. “
Yo estoy completamente convencido que en el interior de la tierra, como explica Thomas Gold en el libro “The Deep Hot Biosphere”, los hidrocarburos -que son hidrógeno y carbono- tienen un origen mineral. Por eso, en las lunas de Saturno hay hidrocarburos en grandes cantidades. Pero cuando se desarrolló la industria petroquímica, se creó este término de los combustibles fósiles, ya añadiéndole su fecha de caducidad, que es la fecha actual.” Esto muestra cómo ya se había programado la idea de que este recurso iba a ser escaso, arrojando la conveniente teoría que afirma que el combustible proviene de un fósil, que es un recurso que, con los años, se puede agotar.

Parece que ahí está la clave: en la escasez. La ciencia moderna y académica juega continuamente con la idea de escasez y, además, lo hace de una manera inteligente, surrealista y hasta perversa, porque incluso, estando en el ‘planeta del agua’, nos venden constantemente la idea de escasez de este recurso vital, para mantenernos en estado de incertidumbre y miedo.

Es absolutamente innegable que debemos ser más críticos y aprender a analizar en profundidad nuestro entorno, la información que recibimos y los conocimientos que nos transmiten en las aulas, aplicando el sentido común y contrastando siempre todas las teorías que escuchamos. Además, es fundamental que, entre todos, sumemos fuerzas para hacer visible las verdaderas teorías científicas que deberían sustentar la ciencia y la educación de hoy en día, porque una sociedad sana y coherente sólo se puede construir si se basa en una ciencia transparente y verdadera.

 

Si deseas profundizar en este interesante tema y escuchar el discurso completo de Artur Sala, no te pierdas el episodio #4 de nuestro podcast TODO [con]CIENCIA.

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Artur Sala Llado es Licenciado en física por la Universidad Autónoma de Barcelona.
Ensayista, investigador y conferenciante, escribe con voz crítica sobre la ciencia y el conocimiento oculto. 
Es autor de la colección de libros Magna Ciencia de Editorial CAUAC. Actualmente, ejerce como docente en Living University of Terrain, impartiendo el curso de Introducción a la Ciencia Rigurosa.

 

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